Réquiem por la locura

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A través de los años y de las catarsis inevitables que perfuman las mudanzas, he tropezado tantas veces con la novela más significativa en términos de purga existencial personal, que ya es imposible negar su trascendente guiño. La novela que justifica este texto, fue escrita en 1979 por el escritor y periodista Torcuato Luca de Tena “Los renglones torcidos de Dios”, novela de tinte policiaco que considero básica para comprender de manera humana a la locura. Luca de Tena realizó un notabilísimo y preciso retrato de la locura, gracias a que se internó de forma voluntaria en un hospital psiquiátrico con el propósito de observar de manera microscópica el comportamiento de los desafortunados internos que habitan estas instituciones. El resultado de su internamiento fue escalofriante y desolador.

El personaje central es Alice Gould, brillante detective inglesa cuya labor encubierta la lleva a cumplir la delicada misión de obtener el nombre de un peligroso homicida, y para ello, acepta internarse en un hospital psiquiátrico donde se encuentra un paciente que conoce la identidad del asesino. Su misión es encontrar al testigo, escudriñar su mente, obtener la identidad del asesino, y escapar del psiquiátrico. El horror para Alice comienza cuando las dos únicas personas que conocían su misión, desaparecen misteriosamente. Sin otras alternativas posibles, decide recoger del frío suelo una quebradiza lucidez para depositar las últimas migajas de confianza en manos de un peligroso interno y conseguir la proeza de escapar de un infierno que pocos somos capaces de imaginar. Mediante el relato de Alice, se muestra al lector una escalofriante gama de desequilibrios mentales y sus clasificaciones más comunes con su correspondiente dosis de tristeza y profunda devastación humana.

“A partir de ahora tendría que moverse en la multitud de seres cuyas úlceras no estaban en la piel o las entrañas, sino en la mente: individuos llagados de espíritu, tarados del alma. De todas sus investigaciones, esta iba a ser la más ingrata, porque habría que hundir los brazos hasta los codos en heces vivas, en detritus de humanidad”.

Los entrañables pacientes/personajes de la novela son el arquetipo perfecto de las enfermedades mentales más conocidas durante la época Luca de Tena, de lo que humaniza profundamente la percepción de estos padecimientos, sus trágicas historias, la cotidianidad de sus dolencias y el sufrimiento de su alma. Gracias a “La mujer cíclope”, los gemelos Rómulo y Remo, “Charito” López, Carolo Bocanegra o Ignacio Urquieta, el lector se introduce en las profundas aguas de las enfermedades mentales.

Las enfermedades mentales se tipifican de acuerdo con el grado de daño que pueden inferir en la corteza cerebral de un individuo y las agrupan en dos tipos de trastornos: orgánicos y no orgánicos.

A los trastornos mentales orgánicos se les considera los más delicados, ya que al ser provocados directamente por causas fisiológicas (desencadenadas por alguna lesión o por algún defecto genético) la sintomatología que presentan (alucinaciones, obnubilación de conciencia, percepción de un entorno y realidad alterados, etcétera), resultan ser los más difíciles de tratar y por ende, restringen de manera sensible la integración social de quién la padece.

Renglón Primero: Deficiencia mental ligera u oligofrénica. Una persona aquejada por este padecimiento en generalposee un coeficiente intelectual bajo (entre 55-75). Su comportamiento puede equipararse al de un niño de entre 3 y 7 años de edad. Difícilmente podrá alcanzar una maduración emocional o psicomotora más allá de los once años. Sus capacidades motoras son nulas y su atrofia mental los arroja sin piedad al mundo de la más oscura catatonia.

Renglón Segundo: Demencia. Es un padecimiento degenerativo- progresivo-crónico de las facultades mentales. Afecta principalmente a la memoria, la retención de pensamientos importantes y provoca episodios violentos a quien la padece. La severidad del trastorno influirá categóricamente en las capacidades motoras.

Renglón Tercero: Psicosis. Se ubica básicamente en dos tipos de trastornos: endógeno y exógeno. Ambos suelen ser provocados por infinidad de factores, principalmente genéticos, orgánicos y somatológicos. Se reconoce principalmente por la manifestación de inclinaciones reprimidas por el subconsciente, provocando pugnas tormentosas entre lo verdadero y lo irreal.

Renglón Cuarto: La esquizofrenia. La madre de todos los renglones. Aqueja primordialmente a la región del pensamiento que influye directamente en el campo de las sensaciones, de los vínculos emocionales con el entorno y de sus vínculos puramente lógicos. Afecta al razonamiento más elemental porque la esquizofrenia perturba la percepción en el pensamiento del individuo. Los desvaríos más comunes son la alteración de la realidad, incluso con alucinaciones transitorias y fragmentarias. Quien la padece es proclive al aislamiento, al desapego afectivo y al comportamiento displicente. Carolo Bocanegra (personaje de la novela) ilustra este padecimiento de manera sencilla: “no era ciego, pero no ve, no es mudo, pero no habla”.

Los trastornos mentales no orgánicos son considerados los menos dolosos, porque no son producto de algún tipo de lesión estructural o traumatismo. También suele llamárseles “funcionales” y se desprenden generalmente de alguna vivencia traumatizante principalmente en la infancia.
Renglón Quinto: Paranoia. Con este trastorno la complejidad para identificar los síntomas aumenta. El individuo que la padece puede ser perfectamente funcional en sociedad, incluso con sobrada inteligencia. Su comportamiento es generalmente impecable y el raciocinio puede ser su característica más preponderante. Allice Goud es diagnosticada en el psiquiátrico en este escalafón por sus delirantes historias de espionaje y brillante raciocinio. Embauca al lector con ese gran enigma. ¿Alice es en verdad una espía/detective o es simplemente uno más de esos torcidos renglones?
Renglón Sexto: Sociopatía. Puede ser acaso el padecimiento más peligroso y aunque su trastorno parezca el de menor penetración psiquiátrica de los anteriores, es una auténtica patología. La razón es simple: un sociópata profesa peculiar desprecio por la sociedad en la que vive y las leyes o normas que la rige. Los crímenes –premeditados– los cometen ellos. La ausencia de sentimiento de culpa, empatía o remordimiento, pueden convertirlos en sujetos peligrosos en un grado severo. Son huérfanos de moralidad y del sentido más elemental de todo aquello que englobamos en el vocablo justicia.
¿Qué lo provoca? Existen muchas teorías al respecto, desde el consumo desmedido de estupefacientes, secuelas biológicas o algún daño provocado en la porción cerebral que administra la toma de decisiones y que es a fin de cuentas, el semáforo moral del ser humano.
Torcuato Luca de Tena nos regaló una novela que podría colocarse en los terrenos de la proeza literaria. No es una lectura fácil, sin embargo, es un relato emotivo, elegante y humano. Alice Gould es un personaje entrañable. A través de la poderosa construcción literaria de su voz, podemos ser capaces de echar un vistazo a esas almas encerradas en jaulas más inexpugnables que las instituciones mentales. La locura, la verdadera, la que nadie exhibe, es cruda, despiadada, ruin e implacable.
La novela se escribió a final de la década de los setenta y desde entonces la ciencia ha avanzado a pasos agigantados en los terrenos de los fármacos que ayudan a paliar esos trastornos. La conceptualización psiquiátrica ha mutado en ramificaciones diversas, ya que en la actualidad se estudian de forma aislada los diferentes tipos de enfermedades maniaco- depresivas (cuya lista no deja de aumentar). Ahora han desaparecido algunas clasificaciones usadas en el pasado, consideradas en estos tiempos de corrección política, por su tendencia peyorativa o discriminatoria. Hoy en día nadie llama oligofrénico o retardado a ningún aqueo o troyano. No es un secreto para nadie que el padre de uno de mis hijos padece de trastorno bipolar tipo I, y después de comer, dormir, amar y vivir con una persona con este padecimiento, el vocabulario se paraliza y se niega a soltar con ligereza la etiqueta de bipolar. Es muy importante diferenciar puntualmente el estado mental de las personas sin atribuirles condiciones tan alejadas de la realidad, como La Tigresa del Oriente de las pasarelas Christian Dior. No comulgo con la absurda moda de justificar la incapacidad propia para encarar el mundo, adjudicándose diagnósticos delicados.

Lograr distinguir entre un esquizofrénico, un sociópata o a un pendejo, puede marcar una sensible diferencia. Sobre todo si los queremos y deseamos ayudarles a superar con dignidad su condición, que claramente puede ser más soportable si se encuentra el tratamiento adecuado. Luca de Tena dijo que “las personalidades especialmente exquisitas son más vulnerables que las zafias; del mismo modo que una taza es más frágil cuando de mayor calidad sea la porcelana”. Me considero abajo firmante de esta teoría, porque lo aprendí en carne propia antes que en cualquier belleza literaria.

Más que horrores ortográficos de una omnipotente deidad o “errores” de la naturaleza, el libro nos invita a identificar piezas de compleja y endeble arquitectura que merecen ser tratados con una óptica más justa. Durante lustros la medicina ha asegurado que será capaz de reconstruir la personalidad primigenia de alguien trastornado de sus facultades mentales. Daría un dedo por verlo. Sobre todo porque cuando mis pesadillas me asaltan a traición y me sumergen a ese mundo hostil, oscuro, desolador -que me recuerda dolorosamente la primera visión que tuvo Alice cuando ingresó por primera vez a la “sala de los desamparados”- vuelve ese punzante y helado escalofrío a mi espina dorsal.

En un futuro remoto, me gustaría leer que la ciencia ha sido capaz de curar las llagas viscosas con las que la locura castiga a la cordura. Si tengo oportunidad de hacerlo, una de mis heridas más escondidas, podrá sin duda, al fin sanar.

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