Primavera ¿para? madrid

Primavera para Madrid (Autsider Cómics),  Premio Nacional de Cómic 2021.

¡Libros, cómics, libros!

La primera vez que tropecé con el libro Primavera para Madrid (Autsider Cómics), me encontraba visitando la ciudad de Valencia, a finales de noviembre. Lo miré en toda su doradísima gloria en la sección de novedades de chulísima librería underground. Tardé tanto en decidirme adquirirlo que, cuando volví por él, ya se encontraba haciendo fila en área de cajas. Era el único ejemplar disponible. Me tranquilizó pensar que sería fácil adquirirlo en cualquiera de las cientos de librerías que convierten a Madrid en la capital favorita del lector iberoamericano. Pero no, que no. De acuerdo a mi librero de confianza Primavera para Madrid agotó la primera edición al mes después de su lanzamiento gracias a la enorme expectativa que generó la controversia de su contenido (El Rey Felipe VI con el pito al aire en graciosa compañía desde la Torre Espacio OHL es únicamente el principio de la sátira), pero después de ganar el Premio Nacional de Cómic 2021 un año después, cada ejemplar se convirtió en el regalo prometido de Arnold Schwarzenegger en Jingle All the Way. Imposible poder comprarlo sin pedido previo en cualquier librería. Regresé a México con el inconfundible hueco del vacío que solamente los objetos que deseamos pueden llenar.

El Rey Felipe y el Compiyogui firmando cheques al portador.

Siete meses en el Tíbet.

El 2021 quedará registrado como el año que decidí pasar siete de doce meses en Madrid. Desayuné con porras mientras la tormenta Filomena nos sepultaba en nieve, almorcé con jamón ibérico en solsticio de primavera y cené cocido casero hasta el hartazgo en un muy encarrilado otoño. Escribí y leí poco en siete meses porque no siempre se puede, porque no siempre se debe. Pasé demasiadas horas del día en silencio, sin hablar con nadie y rehusar a salir de casa fue mi actividad favorita 2021. Comí mucho y nadé nada. Rompí un montículo de promesas y sostuve con congoja un par. Salí corriendo para acompañar una emergencia médica y también fui a parar a urgencias castigada por la diosa de la fertilidad. Bebí más Ribera del Duero del que soy capaz de reconocer y visité museos en soledad y a discreción. Viajé a Valencia a presentar mi libro de viajera y conocí un remoto pueblo de 180 habitantes llamado Talvelia, provincia de Soria con el pretexto de ganar la lotería en el sorteo de Navidad. Entré a una cueva rebosante de guano, regresé a una sala de conciertos y lloré decenas de veces frente a la pantalla de la computadora ante la preocupante incapacidad de escribir ese libro tan parecido al sudario de Penélope. Me expuse diez veces a las variantes del bicho de moda a bordo de aviones, aves ultrasónicas y cascos de castillos en ruinas. Mi novio me llevó al pueblo en el que se casó y considero el hecho como un mal augurio del que me niego a dar lecturas. 

Regalos (in) esperados.

Hace años conocí a Ruth en Torreón porque la vida es una trágica opereta. Pero los caprichos de Satán se encargaron de juntarnos en el vórtice en donde el desencanto, sabiduría, alergias y alegrías nos limpiaron el camino de hojas muertas en el otoño madrileño. Caminamos, comimos y bebimos juntas en días fríos, hicimos nuestra la taberna que atiende un solícito y callado ecuatoriano justo frente al Museo Reina Sofía. Tomamos té y cerveza en la cafetería de mi barrio y lamenté mucho dejarla sin mis abrazos. Pero ella y yo sabemos que un mexicano lleva los lugares que lo hicieron el ser vivo más entrañable y ruidoso de la comarca a donde nos da la puta gana, y el norte o el centro patrio nos quedará corto para reanudar los juegos del Bumble.

Un día antes de Navidad llegaron dos paquetes que esperé con ilusión: de Torreón recibí una preciosa libreta y un libro. Ruth prometió mandarme por correo un libro de Rosa Montero cuyo propósito principal es convertirse en tierno acompañamiento a constantes bloqueos narrativos y una libreta que contiene los primeros garabatos de mi puño y letra de este año. Y del vuelo IB6403 de Iberia aterrizó Alejandro con un regalo de navidad inesperado: el libro Primavera para Madrid.

La elegante edición de Diego Corbalán Hernández ‘Magius‘ simboliza poseer arte objeto que relata la gravedad de la corrupción y descaro españoles de los últimos lustros; pero al mismo tiempo, dota color, textura y dimensión al apego amoroso que provocó el lugar al que aprendí a llamar hogar a lo largo de los siete meses que habité en una ciudad que conozco un poco más que al futuro cercano.

Hasta el momento de teclear estas líneas, no existen planes que me permitan asegurarles la ubicación geográfica en la que me encontraré la siguiente primavera. Quizás el último libro leído en 2021 arroje un par de guijarros en el camino. Qué se yo.

Feliz todo, gentuza del mal.

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