2010, animal político, París

¿Quién diablos es Florence Cassez?

 

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Abrí la puerta de mi cuarto de hotel después de un agotador paseo. Al exacto instante en el que mi mano giró el picaporte sonó el teléfono:

– ¿Lista para la fiesta de cumpleaños de Anabelle?

Era Avi Rosen, el fotógrafo israelí encargado de darme la bienvenida a París.

Mierda. Después de pasar el día completo vagando por las entrañas del metro y transbordar cinco veces, la idea de una fiesta de cumpleaños no me seducía. Por mi, Anabelle podría celebrar hasta su bautizo sin que el curso de mi vida se viera afectado. Pero perderme la experiencia de experimentar una auténtica fiesta parisina, no era en lo absoluto la idea más racional. Avi acordó recogerme antes de media noche.

Salí a las 23:30 del lobby para encontrarme con Avi y dirigirnos en motocicleta a la Rue de Vanneau, 7eme Arrondissement. Trasgredí el más férreo de los mandamientos personales que he llevado la mitad de mi vida: jamás subirás a una moticicleta.

Agradecí el paseo en moto porque no existe ningún otro vehículo más idóneo para recorrer de noche la ciudad más bella del mundo y no perder ningún detalle, olor o sonido.

El espectáculo ofrecido cortesía del festejo cumpleañero de Anabelle resultó fascinante: BABEL. Todas las razas del mundo se podían identificar en el departamento. Los colores y dispares rasgos fisonómicos del personal enfiestado decoraban el ambiente de manera más vistosa y estética, que la estúpida lámpara arrancada de la escenografía del set de Fiebre de sábado por la noche que enceguecía al personal asistente a cada giro, con sus infernales luces de colores.

Incontables botellas de whisky, ron, vodka, tequila, champagne y una gama de vinos que mi falta de mundo impedirá enlistar. Un tazón gigantesco repleto de gigantescas fresas cayó en mis manos. Las comí todas. Avi se encargó de mantener en todo momento mis manos repletas de groseros platos de comida. No terminaba de engullir un platillo, y depositaba de inmediato otro con una delicia más apetitosa que la anterior.

A Avi además de ser artífice de una noche inolvidable, le debo el haberme presentado a Fabrice. Lo nuestro fue amor a primera vista. A pesar de nuestra irreconciliable diferencia de caracteres. Es decir, nuestra preferencia sexual opuesta. Nos reconocimos de inmediato como evil twins. Fue imposible separamos esa noche o las subsecuentes. Bailamos, cantamos, nos tomamos puñados de fotografías con la cámara de 1,500 dólares propiedad del fotógrafo Nicolas Radensky, para después escapamos a hurtadillas del departamento llevando dos botellas de vino tinto cada uno en las manos.

Al filo de las 4 de la mañana continúabamos bebiendo el producto de nuestro hurto en su departamento de Péré Lachaise poseídos por un entusiasmo irresponsable.

Escalamos uno de los muros aledaños con el estúpido propósito de encontrar una entrada secreta al cementerio de Pére Lachaise que juró conocer. Nos indigestamos juntos, e hicimos alarde de la clase de entendimiento que suelen desarrollar los amigos después de años intentando ser hermanos ante el estupor de Avi. Nos quisimos, nos queremos.

Durante esa velada -que vio su fin casi dos días después- quedó registrado el intento de entrevista donde busqué registrar las impresiones en torno al caso de Florence Cassez -noticia efervescente en México pero absolutamente desconocida e irrelevante en el país galo- a la turba de beodos que no pararon de llegar al improvisado after party.

El reloj marcaba las siete de la mañana. Los sobrevivientes departíamos con singular ánimo festivo al filo de la mañana. Los caminos del señor son misteriosos y no recuerdo con claridad que entidad maligna me orilló a preguntarle a Fabrice  a bocajarro: ¿Cuál es tu postura en el caso de de Florence Cassez?

Supongo que el cuadro de ambos alegando en jergonanza ininteligible les resultó a todos muy divertido, ya que de inmediato la atención del respetable giró en torno a nuestra disparatada conversación.

Este es el momento preciso de confesar un terrible secreto: mi dominio del inglés es vergonzoso y con Dios sabe cuántas copas de vino danzando en mi interior, apostaría todos mis vales de despensa a que mi acento se asemejaba al de Silvester Stallone después de la putiza que le propinó el señor Iván Drago.

Creo que fui  protagonista en ese instante, de la escena más cómica de la película de mi propia vida.  Fabrice respondió con total seguridad que por supuesto que conocía  a Florence.

-¿Que significa para ti Florence Cassez? -arremetí

Su respuesta me dejó atónita: “Pues que es una flor, y todas las flores son bellas”

-¿Qué? no, no me refiero a la flor, ¿Sí sabes quién es Florence Cassez? –Pregunté con desconfianza-

Con cierta inseguridad contestó: “uhm, creo que si la conozco, cuando viví en New York la conocí. Sí, me parece que conozco a Sabine Cassel

-¡No, no me refiero ninguna mujer llamada Sabine!, te estoy hablando de la ciudadana francesa más famosa en México durante muchos meses. Noticia de ocho planas – discutí estúpidamente mientras lo miraba con cierta desesperación.

Fijó su mirada al techo breves segundos. Y sonrió de la manera en la que un pequeño recuerda de la tabla del siete, de súbito respondió:

-¡Ah sí, esa Florence! pues, opino que es una ciudad muy hermosa. ¡Ah, el Ponte Vecchio!   ¿lo conoces?

Manú, nos interrumpió: “mi padre es de Italia, pero yo nunca he estado ahí”

Al fondo, se empezaron a escuchar diversas opiniones acerca de la belleza de la ciudad florentina.

Los miré con incredulidad y les expliqué (mentira, la lengua y el hemisferio derecho de mi cerebro jugaban en contubernio una mala pasada) que esta mujer, había cometido delitos en México y que se encontraba en la cárcel pagando una condena de 60 años por el delito de secuestro.

-¿Qué hizo? – Preguntó Fabrice.

-Participó en una peligrosa banda perteneciente al crimen organizado en México. Fue un caso muy sonado en mi país, pensé que ustedes conocían la historia- volví a mirarlos a todos y les pregunté a cada uno si no habían oído sobre tan escandaloso tema. A modo de réplica, contestaron las peores pendejadas que puedan ocurrírsele a un hombre libre. Cada uno entendió una historia completamente distinta.

-¿Entonces no sabes quién es Florence Cassez? si hasta Nicolás Sarkozy visitó mi país y abogó por Florence con el presidente de México- insistí a  Fabrice con esa implacable insistencia fronteriza con la necedad, que sólo los borrachos perdidos poseen y se resisten a soltar.

-¡Oh, a Nicolas Sarkozy sí lo conozco! -exclamó orgulloso.

A estas alturas, mi desesperación era evidente. Volví a repetir la historia desde el principio, pero en español -sugerencia de Manú- con el argumento estúpido:  “entiendo vagamente italiano, podría fungir como traductor”

En esta segunda vuelta, y sintiéndome más segura al expresarme en mi propio idioma, adicioné información, como que tenía en su haber el delito de secuestro de familias, incluyendo niños.

Avi (quién no habla una pizca de español) exclamó:

-¡Ah sí, ya entendí!- y le explicó a Fabrice en francés, la traducción de mis palabras. Después de escuchar la larguísima versión de Avi, Mi entrevistado suspiró con alivio.

-¡Ok, ya entendí! Florence es una mujer mala, hizo cosas terribles en México y debe pagar por ello, pero no le debieron haber quitado a sus hijos. Ninguna mujer encarcelada por el delito de prostitución, merece una pena tan larga y, además,  ¡sus niños deben regresar a Francia!

El respetable comenzó a debatir respecto a la maldad de la mujer y que ningún niño debía estar en cautiverio por los crímenes de su madre, entre otros bizarros alegatos.

Recontra mierda. Mi voluntad se desplomó.

-Acabemos de una vez con esto, creo que sé que necesitas-  Dijo mirándome con ternura.

Se levantó y sirvió una copa de vino, en el proceso, derramó algunas gotas  sobre mi vestido, lo que yo traduje como sutil venganza por arruinar su borrachera. Todos reímos como pendejos, cerré mi libreta en blanco y seguimos bebiendo y cantando alegremente.

Después de un tiempo, tocaron la puerta y apareció un nuevo invitado: Guilles. Avi me presentó de inmediato explicándole que yo era mexicana. Guilles abrió sus ojos con sorpresa y calidez evidente, me contó que conocía mi país y que lo visitaba con frecuencia. Después de una breve pausa, preguntó intempestivamente:

-¿Oye y cómo va el caso de Florence Cassez?-

Después de las carcajadas que me sacaron lágrimas auténticas, le conté que llevaba 1 hora tratando de explicarles a la cofradía de borrachos que nos rodeaban, qué opinaban de ese caso y que nadie sabía quién era la dama de marras. Se paró visiblemente molesto y les gritó manoteando en todas direcciones:

-¡¿Cómo es posible que no sepan quién es Florence Cassez? ¡Putain de merde!

A veces pienso que algún día reuniré el valor suficiente para dar a conocer el video de veintiocho minutos de duración que Avi se encargó de filmar, fiel a su naturaleza de registrar la estupidez humana. No recuerdo una borrachera de 48 horas como esa en mucho tiempo. Tuve las agallas de tomar un taxi mientras todos discutían acerca de quién carajos se disponía a preparar la cena. No podía más. Antes de zambullirme a la cama del hotel, abrí la libreta en la que intenté registrar datos y nombres de la fallida entrevista, y entonces tropecé con la siguiente nota:

“America in France is like a piece of heaven that you want to taste every day,

I love you.

Fabrice B.”

Sonreí con toda la dulzura de la que pude echar mano en tan lamentable estado. Volví a la cama a sabiendas que el amor expresado por Fabrice era recíproco.  Cerré mi libreta y volví a la cama reflexionando que he contribuido a mejorar las relaciones diplomáticas de ambas naciones. Francia y México pueden dormir con tranquilidad, seguirían siendo naciones amigas durante largo, largo tiempo.

¿A quién carajos le importa quién es Florence Cassez? No a mí, no en ese instante. Necesitaba dormir. Con urgencia.

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2010, animal político, Nadie te preguntó

The Air is on fire

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Tienes un montón de suerte, nena– dijo Julio mientras desayunábamos el segundo día de estancia en la ciudad. ¿Quién crees que estrenó su obra artística hace pocas semanas en una galería del centro? David Lynch. Tenemos que ir.

Casi perdí la conciencia. Me encontraba en Copenhaguen, Dinamarca, disfrutando de las vacaciones invernales.

The Air is on Fire del mismísimo master Lynch se montó en el bellísimo centro de arte contemporáneo danés GL Strand. La primera muestra individual del cineasta de culto. El GL Strand Museum es un antiguo edificio que data del siglo XIX, rodeado del canal Thorvaldsens, la galería de arte Kunstforeningen y de las instalaciones del Ministerio de Cultura, en el centro mismo de la bulliciosa ciudad. La entrada de la galería mostraba una sobriedad contrastante a los carteles de la exhibición estrella. El inconfundible rostro de Lynch sonreía con cinismo al ingenuo paseante. La exhibición contemplaba el universo artístico del cineasta desde sus primeros trazos de sus épocas de secundaria de los años 60, a sus últimos cuadros creados días antes de la apertura.

david-lynch-boy-lights-fire.jpgLa introducción era poderosa e hipnótica. En los cuatro pisos de la galería se podían encontrar pinturas, dibujos, fotografías, litografías, acuarelas, escultura y un poderoso soundtrack que te acompañaba en cada piso (proveniente del cortometraje Grandmother).

Todo lo que la vida me había quitado antes de ese día, me fue devuelto con intereses y recargos sin comisión. Amé descubrir en las obras de David Lynch ese inconfundible juego entre retorcidos estados mentales, emocionales, que mezclan los primigenios peligros de nuestra mente, que penden del hilo de nuestras inconfesables y terroríficas pesadillas; tocan conciencias por su irracionalidad, por lo intangible de su mensaje.

La sección más visitada de la exhibición fue sin duda la de los lienzos. La tesitura de los cuadros se caracterizaba por oscuridad cetrina, paranoia y desolación. Espejos torcidos, violentos, descarnados; paisajes oníricos de los recovecos más torcidos de la mente humana: suicidio, asesinato, violación, tortura.

El último piso del ala izquierda de la galería se adaptó como una pequeña sala de cine en la que se exhibió una interesante muestra de cortometrajes experimentales que Lynch realizó desde los años 70´s, la mayoría de ellos desconocidos para mí. El corto que sonorizó la muestra en cada uno de los pisos pertenecía a Grandmother. Desplazarse en torno a esa corte de los milagros plástica, sin dejar escapar un grito estúpido causado por terror propio o por la pareja que justo cuando intentaba mirar con detenimiento un órgano mutilado, un nuevo y espantoso rechinido del soundtrack los hacía brincar y gritar como pendejos. Imposible olvidar la experiencia aterradora provocada por la perturbadora música.

La última parte fue la más entrañable y humana: los apuntes que Lynch ha atesorado a lo largo de su carrera fílmica. No tuvo precio encontrar desde pensamientos plasmados en una servilleta de comida rápida o caja de cerillos, hasta el guión original de Blue Velvet o Twin Peaks garabateados y con manchas de café. Cuarenta años de producción artística, 400 dibujos traducidos en notas, bocetos, fotografías inéditas de filmaciones, simples anotaciones en post-it que se convirtieron en piezas vivas y tangibles del genio.

Mi visita a la exposición de Lynch significó el mejor regalo de navidades pasadas y futuras nomás para mi.

Diciembre, 2010, Copenhaguen, Denmark.

*Esta crónica fue publicada en Milenio Diario en enero de 2011

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2010, París

SHALOM PARIS

 

A Paula Rosen
Ilumina nuestra sabiduría, para que no se extravíe hacia la izquierda o la derecha del camino… Mantén los ojos de ver la falsedad, líbranos del error… Enseñar a hablar con nosotros, nunca nos puede decir una cosa contra tu voluntad.
—David Sintzheim

El 29 de marzo de 2010 recorrí junto con Avi Rosen los bellísimos senderos del cementerio de Pére Lachaise. Avi es judío, lo cual tiene relevancia porque su religión y las milenarias festividades del judaísmo son el tema de esta crónica. Después de visitar la tumba de Oscar Wilde me contó con nostalgia que en ese cementerio reposa un rabino muy respetado por su pueblo y que le gustaría que lo acompañara a visitarlo. Recorrimos el cementerio largo trecho hasta dar con la tumba de sus lejanos recuerdos. Mi ignorancia no me permitió entender en ese instante la trascendencia cultural e histórica que poseía el hombre que descansaba en esa hermosa tumba: David Sintzheim. La tumba de este ilustre personaje ofrece una vista abrumadora y espectacular. La adornan dos sobrias bellezas: una creada por el hombre y otra por la veleidosa naturaleza. La primera de ellas es una escultura en forma de obelisco que contiene inscripciones en francés y en hebreo; la segunda, un robusto árbol que de manera caprichosa decidió crecer y florecer en el centro mismo de la lápida. Ambos elementos le confieren un aspecto que se presta a más de una simbólica lectura.

Sintzheim fue presidente del Gran Sanedrín y el más erudito miembro de la Asamblea de Notables creada por Napoleón Bonaparte el 30 de mayo de 1806. Su enorme prestigio y sabiduría lo convirtió en el más importante talmudista de Francia y autor de la enciclopedia talmúdica más importante de su tiempo. Su brillante labor como reformista erudito consiguió que Bonaparte reconociera que los derechos de los judíos como ciudadanos franceses serían irrevocables y luchó incansablemente para edificar una aplicación práctica de la ley judía. El gran rabí, el venerable hombre de Dios de esa misteriosa religión, reposaba de forma magnífica frente a mis ojos.

Avi se acercó evidentemente conmovido a esa lápida, la besó y abrazó inclinándose para orar por los suyos encendiendo una minúscula veladora de latón. Ante tan conmovedora estampa, sólo me limité a observar a distancia y con respeto ese inusitado gesto de devoción. Pensé en el tronco y en la esencia misma de la vida. Me sentí por un instante como una brújula distraída de pasado y futuro imperfectos.

Mi último día en París no fue un día común. El 29 de marzo comenzaban las festividades más importantes de la religión judaica: el inicio de la Pascua. Esa misma noche se celebraría su cena sagrada, llamada Pésaj. Esta cena conmemora la salida del pueblo hebreo de Egipto guiado por Moisés y marca el nacimiento del pueblo judío como tal. Su trascendencia histórica, y como ninguna otra fiesta familiar, confiere un espíritu de alegría restauradora ya que les recuerda la esperanza y la liberación. Conmemora la conversión del esclavo en individuo libre y la de la tierra misma, desnuda e inactiva, en un campo fértil lleno de vida y floreciente. Por ello también se le conoce como “la cena de primavera”.

La práctica de esta celebración tiene más de dos mil años de antigüedad, y mi breve acercamiento a este ritual tan místico enriqueció de manera sustancial mi percepción de la devoción de un pueblo que, sin importar su ubicación geográfica, no ha permitido que se extingan sus costumbres más añejas y veneradas. Visité esa noche un hogar judío y conocí a una familia encantadora. Paula Rosen es una mujer de más de setenta años, culta, lúcida, cálida y llena de luz que devora libros, ama la vida y pinta hermosos cuadros al óleo que visten de color y arte cada rincón de su casa.

Me despedí apesumbrada pues mi vuelo de regreso a México me obligaba a estar en el aeropuerto a las seis de la mañana. Madame Rosen me tomó entre sus brazos, me besó en ambas mejillas y me despidió con una sonrisa: “Gracias por tu visita, vuelve cuando quieras, ésta siempre será tu casa”.

Ese vistazo a su celosa intimidad lo llevaré siempre como un obsequio, como una joya de incalculable valía. Quisiera despedirme con una frase digna de mi recuerdo pero mi mejor frase ya no tiene palabras, sólo silencios. Yo vivo y respiro más que otros días gracias a Avi, a Paula Rosen; podría mentirles, pero no puedo y ahora es tan fácil decirlo: los amo.

Shalom mijshpajá Shalom (adiós familia, adiós).

*Texto publicado en Replicante el 12 de septiembre de 2010

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